Se abre con el corazón

Cómo preguntar por amor sin buscar lo que quieres oír

Dos tazas de café y tres cartas boca abajo sobre una mesa de cocina, con una ventana al fondo y luz de mañana

«¿Me quiere?», «¿volverá?», «¿es la persona de mi vida?». Son las preguntas más frecuentes en una tirada de amor, y también las que menos ayudan. Cambiar unas pocas palabras lo cambia casi todo.

Quien pregunta por amor suele llegar con ganas de que le digan algo concreto. Es normal. Pero una pregunta cerrada, de sí o no, pone a las cartas en el papel de un juez y a ti en el de alguien que espera sentencia. Si sale lo que querías, te quedas igual que estabas; si no, te vas peor.

Lo que falla en las preguntas de siempre

Tienen tres problemas, y suelen venir juntos.

Ponen el foco en otra persona. «¿Qué siente por mí?» pregunta por la cabeza de alguien que no está en la mesa y que no ha pedido que le lean.

Buscan una fecha o un resultado. «¿Volveremos antes del verano?» Ninguna baraja puede responder a eso, y quien te dé una fecha te está vendiendo algo.

Llevan la respuesta deseada dentro. Cuando uno pregunta «¿es la persona de mi vida?», casi siempre espera un sí, y va a leer las cartas buscándolo.

Cómo darles la vuelta

La regla es sencilla: pregunta por ti, y pregunta algo que pueda tener una respuesta abierta. Unos ejemplos.

En vez dePrueba con
¿Me quiere?¿Qué necesito yo en esta relación?
¿Volverá?¿Qué me cuesta dejar ir?
¿Es la persona de mi vida?¿Qué me hace sentir bien cuando estoy con esta persona, y qué no?
¿Por qué se enfadó mi amiga?¿Qué puedo aportar yo para arreglarlo?
¿Encontraré pareja este año?¿Cómo estoy tratándome a mí mismo ahora?

Las preguntas de la derecha no adivinan nada, y no lo pretenden, porque lo que buscan es que la carta que salga te sirva para mirar tu parte de la historia, la única sobre la que de verdad puedes hacer algo mañana por la mañana.

Una tirada de tres cartas para preguntas de amor

Si quieres algo más que una carta, prueba esto. Se baraja pensando en la relación que te preocupa, sea de pareja, de amistad o de familia, y se sacan tres.

Fíjate en que ninguna habla de la otra persona. A propósito. Lo que piensa el otro lo sabrás preguntándoselo a él.

Cuando la respuesta no gusta

Pasa a menudo: sale una carta que no esperabas y la tentación es volver a barajar. Antes de hacerlo, escribe por qué no te gusta. Muchas veces esa incomodidad dice más que la carta misma.

Y si de verdad estás pasando por una ruptura, una pelea familiar o una amistad que se rompe, las cartas pueden acompañarte un rato, nada más. Hablar con alguien de confianza ayuda mucho más. Y si te cuesta salir adelante, un psicólogo también.

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